Pablo Neruda en la Gran Muralla China. Foto: Embajada de China en Chile.
Una revisión histórica rescata el rol decisivo del poeta de Isla Negra en la apertura de los vínculos culturales e institucionales entre Chile y el gigante asiático en la década de 1950, años antes del establecimiento formal de relaciones diplomáticas.
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Mucho antes de que el 15 de diciembre de 1970 Chile y la República Popular China firmaran sus primeros acuerdos diplomáticos oficiales, los versos de Pablo Neruda ya cruzaban el Océano Pacífico para construir el primer gran puente entre ambas naciones.
A partir de un reportaje publicado por Radio Universidad de Chile, queda en evidencia cómo el Premio Nobel chileno no solo fue una de las figuras literarias más leídas en Oriente, sino también el principal gestor de una «diplomacia cultural» pionera en toda América Latina.
«Los poemas de Neruda fueron traducidos al chino casi desde el establecimiento de la República Popular China en 1949. En menos de un año, ya teníamos sus poemas traducidos», destaca Jiang Shan, directora general de la Librería Internacional del CICG, en la nota de Radio Universidad de Chile. Su obra se convirtió, de hecho, en el primer libro latinoamericano publicado en la naciente República Popular.
Pablo Neruda con Soong Ching-ling, Vicepresidenta de China. Foto: Foto: Embajada de China en Chile.
De la Isla Negra a la Gran Muralla: Un navegante del Pacífico
El desembarco poético de Neruda en China coincidió con los primeros años de reconstrucción del país asiático. Durante sus periplos por tierras orientales, el poeta recorrió la Gran Muralla, sostuvo encuentros con altas autoridades —como la vicepresidenta Soong Ching-ling— y entabló un profundo lazo de fraternidad con Ai Qing, una de las figuras señeras de la poesía china del siglo XX.
En uno de los pasajes evocados por el exembajador Fernando Reyes Matta, se recuerda cómo Neruda y Ai Qing navegaron juntos por el río Yangtsé, compartiendo no solo confidencias artísticas, sino también reflexiones sobre el incierto panorama político internacional de la época. Ese nivel de intimidad y confianza literaria se convirtió en el verdadero cimiento de la amistad entre ambos pueblos.
Michelle Bachelet inaugurando estatua de Pablo Neruda en China.
Colectivo e institución: El Instituto Chileno-Chino de Cultura (1952)
La labor de Neruda trascendió los libros. En 1952 impulsó en Santiago la fundación del Instituto Chileno-Chino de Cultura —la primera entidad de su tipo en toda América Latina— junto a personalidades como Salvador Allende, Alejandro Lipschutz, Luis Durán y el pintor José Venturelli (quien se radicaría en Beijing para articular el intercambio artístico).
Gracias al impulso nerudiano, decenas de intelectuales, artistas e incluso detractores políticos locales —como Pablo de Rokha— viajaron a China para conocer de primera mano las transformaciones de ese país, convirtiendo a la cultura en el primer lenguaje común entre Santiago y Beijing.
Pablo de Rokha en China
Un eco imperecedero en mandarín
Siete décadas después de aquellas primeras traducciones, la presencia de Neruda en China sigue intacta. Frases emblemáticas de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, como «Me gusta cuando callas porque estás como ausente» o «Es tan corto el amor y tan largo el olvido», son recitadas de memoria por distintas generaciones e integradas incluso en canciones populares chinas.
El camino abierto por el bardo de Isla Negra sirvió además de llave maestra para que la literatura chilena continuara floreciendo en China, proyectando la lectura de autoras y autores como Gabriela Mistral, Roberto Bolaño y voces de la narrativa contemporánea.
Edición en chino de “En la sala de lecturas del infierno”, libro de poesía de Roberto Bolaño
Como concluye la reseña periodística, mucho antes de los tratados comerciales y las comisiones bilaterales, fueron la poesía, la amistad y los libros los que unieron definitivamente a Chile y China.