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La luz viaja a 299.792 kilómetros por segundo, pero la oscuridad no necesita viajar: ya está en todas partes. Esta antítesis propone que la oscuridad es la malla omnipresente sobre la cual la luz se desplaza, e invierte así nuestra comprensión sobre qué es realmente más rápido en el universo
Roberto Bescós creció a orillas del estero El Sauce, en Llolleo, donde el barro, los títeres y los versos se mezclaban con el mismo sigilo que la camanchaca. Desde sus primeras publicaciones en la década de 1980 hasta la reedición de Artesanía en Duendes y la adaptación kamishibai El viaje de Niñilo, su obra traza un arco luminoso entre la infancia, el territorio costero y un lenguaje que se niega a envejecer.
Una reflexión breve sobre la paradoja de ser bueno en algo que, al mismo tiempo, te cierra otras puertas. Y sobre cómo el juego siempre termina siendo poesía.

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