Microcuentos para niños:

Esperanza

Esperanza
Img: Josefa Lecaros
Hoy llegó al jardín una niña llamada Esperanza. Me tomó con fuerza y me sacó de la caja con la alegría de haber encontrado un tesoro. No me peinó ni me cambió de ropa, como suelen hacer las niñas. Solo me dijo: «tú serás la piloto de la nave».

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Hoy llegó al jardín una niña llamada Esperanza. Me tomó con fuerza y me sacó de la caja con la alegría de haber encontrado un tesoro. No me peinó ni me cambió de ropa, como suelen hacer las niñas. Solo me dijo: «tú serás la piloto de la nave».

Debo confesar que fue un día intenso. Pilotear una nave espacial no es tarea fácil, más para una muñeca acostumbrada a largas sesiones de belleza y té. ¿Qué seré mañana? Podría ser una montañista; una astronauta que llega a la luna; una científica loca… Esperanza, por favor, no faltes mañana al jardín.

 

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OTRAS DOSIS DE Antítesis

Se perderán mis pasos / en el antiguo barrio. / No se extrañarán mis costumbres vulgares / ni mi sonrisa. / Pues llevo la pena del siglo / encarnada en las pesuñas. / Llevo una guerra que me persigue. / Llevo el conflicto armado de mi conciencia.
Comienzo con una declaración: me considero nerudiano..., y huidobriano. Por eso algunos me acusarán de bigamia, pero el hecho es que me gustan los dos. Neruda y Huidobro me tienen fascinado; me atraen tanto por sus pequeñeces como por su grandeza: por las consabidas debilidades de vaca sagrada y de pequeño dios, y por la desmesurada grandeza de su singularidad poética. Quizá por eso me interesa tanto lo que les aproximó (la poesía) como lo que les separó (su carácter).