El horizonte ciego y la táctica del nuevo mundo: el arte como matriz

Buscando a Litoral Poeta / Banana Pro 2

La humanidad lleva siglos defendiendo el resultado. Hoy, por primera vez, tiene el balón en el mediocampo y la cancha abierta. Lo que juegue a continuación —y cómo construya su nueva economía— definirá su identidad como especie.
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La economía creativa no es una promesa de futuro: es la transición que ya comenzó. Y entenderla exige hacerse una pregunta incómoda.

Somos ciegos en muchos aspectos de nosotros mismos. Durante siglos, hemos caminado a tientas, tropezando con nuestras propias guerras, quemando nuestra casa para mantenernos calientes y operando bajo una inercia de estricta supervivencia. ¿Cómo pedirle entonces a una humanidad con esta miopía crónica que levante la vista y mire hacia un horizonte luminoso, colaborativo y en armonía con la naturaleza?

La respuesta no está en forzar la vista en la oscuridad, sino en cambiar las reglas del juego. Y paradójicamente, el interruptor nos lo está entregando la herramienta que más temíamos: la revolución tecnológica. A medida que la automatización absorbe la burocracia industrial y el trabajo mecánico, nos asomamos a un abismo aterrador —la pérdida de nuestra utilidad tradicional—, pero también a tierra removida: un vacío profundamente fértil que nos obliga, por primera vez a escala global, a recuperar el tiempo y preguntarnos qué hacer con él.

Este es nuestro punto de inflexión táctico. En el fútbol, cuando un equipo que ha pasado noventa minutos colgado del travesaño recupera la pelota, la transición hacia el ataque define su identidad. Como especie, hemos estado defendiendo el resultado toda la historia. Hoy, la tecnología nos da el balón en el mediocampo y con la cancha abierta. La pregunta es a qué vamos a jugar.

La economía creativa como modelo posible

El nuevo mundo nos ofrece una oportunidad inédita: que la gran matriz de conversión económica deje de ser la extracción y pase a ser la creación. Hablamos de la economía del asombro. Y no es una utopía lejana; ya está traccionando en los márgenes. Lo vemos cuando una comunidad transforma su memoria histórica y su identidad territorial en plataformas digitales que generan turismo y arraigo; cuando el diseño de un videojuego independiente moviliza más capital y tejido social que una fábrica de partes; o cuando la gastronomía local reactiva la agricultura de toda una región. Ahí reside el valor económico del significado: en todo aquello que el algoritmo puede calcular, pero jamás imaginar.

En el lenguaje del Tarot, estamos abandonando la fatiga del Diez de Bastos para asumir la postura de El Mago: tenemos todos los elementos sobre la mesa y nuestro único trabajo real, ahora, es alquimizarlos. Arte, ciencia, deporte, gastronomía, filosofía, juego —no como el adorno de las élites, sino en su acepción más expansiva— son la nueva industria. Para disolver el horizonte ciego, debemos estructurar un modelo donde escribir, hacer ciencia, llenar estadios, fotografiar y jugar no sean los pasatiempos que reservamos para el fin de semana, sino el verdadero Producto Interno Bruto de nuestras sociedades.

No dejaremos de quemar la casa de la noche a la mañana. La ceguera estructural que padecemos no se cura con un destello de creatividad. Sin embargo, cuando la matriz económica de una sociedad muta hacia el acto creativo, la pulsión de aplastar al otro pierde su motor histórico: la escasez. Destruir deja de ser la única forma de asegurar los recursos y se convierte, pura y duramente, en un error táctico que arruina el ecosistema del que dependes. Empezar a mirar ese horizonte luminoso no requiere volverse iluminado de pronto; requiere, simplemente, entender que las condiciones materiales han cambiado y decidir, de una vez por todas, jugar el partido a otra cosa.

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Un comentario

  1. Muy interesante y predictivo articulo.
    Estamos ya en la sociedad del ocio y el hedonismo , y ya se está viendo esta salida encaminada a un cruce productivo con otros paradigmas.
    Me gusta

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Revista Antítesis

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