Extranjeros en su tierra

Estamos dominados por una elite inculta, poco empática, que trabaja para otros, que traiciona a su familia. Hasta hoy todo lo que nos importa o que nos podría convertir en un mejor país está en manos extranjeras, indolentes, que solo riegan su parcela. Muchos de éstos son chilenos, que están aquí, que viven en esta tierra, pero multiplican solo para ellos. La independencia siempre fue una quimera.
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Alemania está modificando su legislación para limitar la inversión de extranjeros en industrias claves.

La crisis del coronavirus desnudó la relevancia del control de los aspectos estratégicos de los países ante cualquier tipo de contingencia.

De lo anterior creo que se desprenden muchas reflexiones de carácter local, como por ejemplo: ¿Cuáles son las actividades claves de Chile? ¿Qué tan importante es el control extranjero o privado de esas actividades claves? ¿Se extrapola este raciocinio a otros aspectos de la sociedad?

Estado cuando conviene

Con respecto a la última pregunta, pienso que el Estado es el primer interesado en la formación de su capital humano (educación garantizada), así como también del bienestar físico y espiritual de sus ciudadanos-trabajadores (salud), pues representa aspectos estratégicos para el desarrollo de cualquier nación. Ergo, no todo es industria.

Un ejemplo breve, a modo de boceto vivo de lo anterior, es la carta de los alumnos de último año de medicina de la UC, que exigían voluntariedad de acudir o no a la emergencia sanitaria. Más allá del tema ético profesional (tal como un periodista de medio con alcance nacional no puede subordinarse a compromisos comerciales), la carta transluce un grado brutal de verdad, que nos lleva a la formulación de la siguiente inquietud: si el Estado no participa en la formación de sus ciudadanos, ¿Puede entonces obligar a que éstos se involucren? ¿Posee el Estado chileno la ética para exigir compromiso a esos profesionales?

¿Libre mercado?

Volviendo altema del control de las actividades claves, sin querer pienso en Venezuela, pues me pregunto -sin perder tiempo en politizar el comentario y elucubrando que la «vino tinto» fuera un país ejemplar- ¿Qué podría hacer EEUU allí dentro?

En fin, probablemente vincular esta ideal al contexto de lo expuesto puede que nos lleve a desviar el foco, así que dejémoslo flotando ahí nomás, como el bloqueo naval de Trump, que con el precio del petróleo por el suelo, además de asfixiar a Maduro, está controlando la oferta para que suban los precios y se ajusten a la demanda de sus intereses en medio oriente. ¿Por qué no hace una muralla y se encierra en sus fronteras?

Estado dé garantías

Con todo, vuelvo a una anacrónica pregunta: ¿Cuál es el rol del Estado? Pareciéramos volver a fojas cero ¿no? Discusiones bizantinas con respecto a si «más Estado o más mercado», pero no. Next.

No hay que dar más vuelta a esa premisa vetusta. Se acepta mayoritariamente el libre mercado (estamos incluso en medio de oportunidades y desafíos digitales), pero con algunos cotos de desarrollo estratégico y principalmente, con el compromiso que de verdad sea libre, es decir: responsable, sustentable, desconcentrado, sin colusiones, sin carteles.

Sorteando aquello quedaría dilucidar claramente cuáles son las áreas estratégicas del país, que a mi juicio -paradójicamente- son las mismas que se vienen hablando incansablemente desde mucho antes de la pandemia: educación, salud, vivienda, servicios básicos…

Ya todos lo entienden, hasta ese pequeño puñado rebosante de privilegios que gobierna con el Excel. En qué momento, como diría Gonzalito Cáceres, nos convertimos en ese país tan»IN». Tan indolente, tan insoportable, tan inculto. Tristemente, y con un grado mayor de impotencia sangrante, constato que Chile está enfermo desde hace mucho antes que apareciera el coronavirus, y que su padecimiento es el egoísmo, la ambición desmedida, o como dice la verdad popular: la levantadura de raja.

 

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Revista Antítesis

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