Tuve mala suerte de ser bueno para la pelota. Le dediqué mucho tiempo.
¡Qué digo! Le debo todo al fútbol. Solo que me privó de explorar otras aristas que hoy tanto me apasionan.
Pero el camino así es. Sería poco agradecido e inconsciente de todo lo que me dio el juego: una competencia noble, de recreo, de equipo; una herramienta amada y deseada en la etapa de cualquier niño.
Por eso ¡Qué digo!
Todo es poesía.
La vida es un juego.
El fútbol es poesía.