La buena costumbre

En la “Playa de Los Pescadores”, de Las Cruces, que se llega caminando por la calle donde vivió el recordado antipoeta Nicanor Parra…
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Sin lugar a dudas la arquitectura de los bordes costeros nos llama la atención, ya sea por las relaciones establecidas por lo construido con los límites del mar o los acantilados, o tal vez por el inconfundible sonido del viento que se hace parte del paisaje u otros elementos particulares de la vida frente al mar. Pero pasa algo muy especial en nuestro litoral central, específicamente en el sector de Las Cruces, en donde enfrentando al mar encontramos una cantidad de estructuras espaciales y casas de muy buena factura. Pero así también su antítesis.

A veces, y no pocas veces, los arquitectos olvidamos la importancia de las fachadas, que son el elemento de la arquitectura que le regalamos a la ciudad. No todos tendrán la posibilidad de habitar los interiores de casas o edificios, sin embargo, de alguna manera todas las personas tienen la posibilidad o la obligación de relacionarse con las fachadas, los frontis y el frente de las casas o los edificios.

En la “Playa de Los Pescadores”, de Las Cruces, que se llega caminando por la calle donde vivió el recordado antipoeta Nicanor Parra, se establecen relaciones materiales con el habitante, ya sea mediante la fricción que establece la roca en sus playas, como en los construidos zócalos de piedra del borde costero de las viviendas que enfrentan el mar. Este elemento pétreo de altura media que acompaña el caminar de los habitantes, extensión del basamento de las casas, genera una armonía y logra completar un paisaje de playa muy especial, donde el grisáceo color del material que envejece con el tiempo, contrasta con los renovados colores de las maderas que se construyen sobre el zócalo, y los fuertes verdes que componen el paisaje natural tan característico de la zona.

La arquitectura es cultura, pero esta premisa últimamente ha sucumbido frente a los principios de la economía. Cuando se proyectaron las primeras casas del borde costero en Las Cruces, sin duda el factor económico estuvo claramente supeditado al cultural, a la observación del lugar, a la escala humana, al material, a la arquitectura como parte de un entorno y no queriendo ser, ni aparecer, sino efectivamente siendo parte de un colectivo. Luego de la reflexión que implica diseñar, recién y solo recién, se construye, se multiplica, se divide y luego se proyectan los gastos generales y/o las utilidades.

Sin embargo, en el Chile de hoy pasa al revés. El factor económico hace que edificios de dudosa arquitectura aparezcan casi sobre la arena en el sector “Las Salinas”, al norte de Las Cruces. Pequeños habitáculos costeros; estructuras de hormigón armado, de pinturas muy blancas, de iguales pisos y multiplicados en la altura; edificios constructivamente “muy eficientes”en tiempos de trabajo, pero de dudosa calidad en términos de diseño .

Viendo esos proyectos actuales, es triste constatar que ya no existe la discusión sobre el diseño, ni la preocupación por el material, por la riqueza natural del lugar, por la estética, ni el viento, la sombra, o el sol… nosotros los arquitectos abandonamos esa buena costumbre. Hoy solo existe la preocupación por la economía y no por nuestra cultura.


Zocalo. 1. m. Arq.
“Cuerpo inferior de un edificio u obra, que sirve para elevar los basamentos a un mismo nivel”.

 

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