Pedir perdón a los pueblos originarios conquistados y a veces arrasados, no es algo que se deba despreciar y no importa cuánto tiempo haya pasado, sobre todo porque los efectos de las injusticias cometidas se mantienen.
"Nos juntábamos con él frente a la Biblioteca Nacional, en un puesto donde vendían chicha. En ese tiempo creo que estaba casado con una sueca, pero la dejaba en la casa porque decía que se la iban a robar. Nosotros éramos más jóvenes que él. Parra nos llevaba diez años más y cuando uno es joven necesita un maestro, que en este caso era Parra".