El conflicto palestino-israelí se ha convertido en el espejo más incómodo de nuestro tiempo, no porque sea único en su brutalidad, sino porque ocurre bajo la mirada constante del mundo, documentado en tiempo real, juzgado por tribunales internacionales, y sin embargo, perpetuado con una impunidad que revela las contradicciones más profundas de nuestro orden global.