Trabajé en la administración pública universitaria, donde vivencié de primera mano cómo el estatuto funcionario genera distorsiones que terminan afectando tanto a las personas como a las instituciones. Profesionales con contratos renovados año tras año, siempre en la incertidumbre de si seguirán o no; equipos técnicos completos que operan bajo la figura de contrata sin perspectiva real de estabilización; y plantas que quedaron congeladas en el tiempo mientras las necesidades institucionales cambiaron radicalmente. Esta experiencia cotidiana me permite afirmar que el problema no son solo los gobiernos de turno o sus prácticas discrecionales, sino el modelo mismo con el que gestionamos el empleo público en Chile.
En un mundo donde cualquiera puede obtener una respuesta, el verdadero analfabetismo será no saber qué o cómo preguntar. La inteligencia artificial no solo está cambiando la velocidad con que accedemos al conocimiento; está invirtiendo por completo la jerarquía de habilidades que durante siglos estructuró la educación y el trabajo. Lo que antes coronaba el aprendizaje —la capacidad de recordar y reproducir respuestas— se ha vuelto prescindible. En su lugar emerge una competencia más esquiva y compleja: la de formular las interrogantes correctas y validar críticamente lo que la máquina devuelve. Este desplazamiento no es menor. Es una revolución silenciosa que redefine las capacidades que se valorarán de cara a los últimos tres cuartos del siglo XXI.
Estamos en época de nuevos paradigmas. No podemos seguir pensando como antes. El llamado para todos los noveles y sabios economistas es a proporcionar una fórmula de crecimiento consonante con la estrategia de ampliar el automercado.
El estándar de relaciones laborales en Chile está subiendo gracias a la Ley 21.643. La normativa, promulgada en enero y vigente desde agosto de 2024, surgió tras el suicidio de Karin Salgado, técnica en enfermería del Hospital de Chillán, quien se quitó la vida en noviembre de 2019 tras sufrir acoso laboral sistemático.
La exposición "Sonidos" de la artista alemana Uta María Stang, actualmente en exhibición en el Centro Cultural Palace de Coquimbo, revela una fascinante fusión entre óleos de gran formato y grabados de exquisita factura. En el siguiente texto, el poeta Álvaro Ruiz nos habla de la muestra y también de la artista formada en Leipzig y radicada en Chile hace dos décadas. En palabras del experimentado vate, Uta "logra una cautivadora sinestesia entre lo visual y lo sonoro, transformando el color en tono y el silencio en imagen".
La fascinante historia de Francisco Contreras, un escritor chileno poco conocido que acuñó el término "mundonovismo" mientras residía en París a principios del siglo XX, y su enigmática esposa, “Madán Ágata”, quien terminó erradicada en una zona cercana a Leyda en un entorno de mucha pobreza. La historia fue relatada en 1960 por José Donoso, quien la visitó en su debut periodístico para revista Ercilla.