La muerte de los artistas

«La muerte de los artistas» es el penúltimo poema de «Las flores del mal». En él, Baudelaire explora la lucha del artista por alcanzar la perfección y lo sublime, y también el papel de éste en la sociedad moderna: un ser condenado a buscar la belleza en un mundo que a menudo la rechaza o no la comprende.
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¿Cuánto mis cascabeles tendré que sacudir
Y besarte la frente, triste caricatura?
Para dar en el blanco, de mística virtud,
Mi carcaj, ¿cuántas flechas habrá de malgastar?

En fintas sutilísimas nuestra alma gastaremos,
Y más de un bastidor hemos de destruir,
Antes de contemplar la acabada Criatura
Cuyo infernal deseo nos colma de sollozos.

Hay algunos que nunca conocieron a su ídolo,
Escultores malditos que el oprobio marcó,
Que se golpean con saña en el pecho y la frente,

Sin más que una esperanza, !Capitolio sombrío!
Que la Muerte, cerniéndose como sol renovado,
Logrará, al fin, que estallen las flores de su mente.

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Se me agita el aliento de mil años / Con tanta barbarie / ¡Se me retuerce el hígado / Por matar a los opresores! / Es tan sangriento su poder / Que hace parir Mapuches atadas de manos y pies / Que montan suicidios alimentando el odio / Niños heridos del cuerpo y del alma / ¡Maldigo tu raza de perdigones!