Zozobra

Archivo personal de David Yissi en Algarrobo
En medio de la zozobra, el autor David Yissi nos sumerge, a través de su prosa poética, en una reflexión profunda sobre la fugacidad de la existencia.
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En medio de la zozobra veo pasar mi vida como un destello de luz, como la de algún faro perdido en los confines de la tierra, como una ráfaga de sueños, sueños que habitan mares de soledad, en busca de esa ninfa marina, mitad diosa, mitad presa, capaz de derrotar al mas valiente de los marineros con tan solo una mirada. Solo va quedando una estela de mi vida, quizás alguien se dé cuenta y me rescate, quizás el mar la borre, quizás vengas por mí… quizás.

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OTRAS DOSIS DE Antítesis

El gran Luis Sepúlveda partió cerca del Día del Libro y la Lectura, y por razones tan dolorosas, que me fue inevitable recordar cómo fue que cayó por primera vez en mis manos un libro suyo. Pero en esto de rememorar, el límite es difícil y suelo no recordar con exactitud las historias de casi todos los libros que, por alguna razón, caduca o perenne, han marcado mis lecturas. Me queda la emoción, el asombro, el vacío del final. Contra cualquier pretensión de erudición, los cristos elquinos me salven de perder la credulidad frente a la promesa siempre incierta de un libro.
Tunquén, en mapudungún, significa “tierra que se abre” y no existe otro pueblo o caserío en el mundo que tenga ese nombre. Por Tunquén se conoce la zona costera que comienza unos kilómetros al norte de El Yeco y se extiende hasta la Punta del Gallo. La última subdivisión comenzó hace apenas unos treinta años, cuando aún llovía, cuando en invierno los caminos eran intransitables y los cururos, los zorros y hasta algunos pumas circulaban libres; y las culebras no morían aplastadas bajo las ruedas de los vehículos. Antes de eso, hace cincuenta años, había comenzado la plantación de pinos, que relegó la vegetación nativa a las quebradas y modificó el paisaje ancestral.
La propuesta de habilitar nuevas instalaciones portuarias se había tratado en el Congreso ya en 1901, por iniciativa de Ramón Serrano, hermano de Ignacio, el héroe de la Esmeralda, pero fue recién una década más tarde que comenzaron a hacerse realidad, cuando mejorar lo que hoy llamaríamos la logística para la actividad económica del valle del Maipo se volvió una urgencia.