Llevaba aproximadamente seis meses en el futuro y aún le sobresaltaba el sonido de la alarma de la cajita negra con brillo que dormitaba en su velador todas las noches. Tampoco se acostumbraba al reducido tecleo con los dedos.
Había adoptado la forma de una joven universitaria que cursaba el tercer año de economía. Le parecía inaudita la trascendencia que había adquirido la fundación de la principal academia de Chile. Y sentía con ello una tremenda responsabilidad.
Casi no tenía amigos. Vestía y se comportaba extraño para los estándares sociales establecidos, no obstante, se refugiaba en el funcionamiento de algunas herramientas digitales que la tenían absolutamente sorprendida e inquieta a la vez.
Andrea publicó en los tres minutos que permitía Twitter y para sus doce seguidores, el porqué los fInes y formAs de hacer educación debían ser completamente revisados.
Apagó la pantalla y antes de lavarse las manos apretó el botón que generaba un espiral de agua. Salió rauda del baño y tomó su mochila. Iba a una reunión para poder colaborar en la revista Anales.
Texto cedido en derechos de autor a José Pino Torres.