Mi hermana pequeña

Mi hermana pequeña / baja y sube los caminos del pueblo / en bicicleta / para no pensar…
Comparte en las redes

Mi hermana pequeña
baja y sube los caminos del pueblo
en bicicleta
para no pensar.
Cree en los pedales
y en la velocidad a tracción.
A veces quisiera ser mi madre
y se frustra.
A veces quisiera ser su hija
y me frustro.
A veces odia el pueblo
por sus calles oscuras
sin asfaltar
y por la yerba que crece.
A veces yo me odio a mí misma
y odio a mi hermana.
Me compadezco
y la compadezco
cuando suspira por el olor a neumáticos
o se conmueve con el chirrido del metro
como yo con el canto de los grillos.
Mi hermana se acuesta y se suelta el pelo.
El calor inunda la habitación.
Es redonda, como una cereza,
y, de perfil, es mi madre.

Comparte este post!

Déjanos tu comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

O CON FACEBOOK

OTRAS DOSIS DE Antítesis

"Comencé a escribir hace dieciocho años. Tengo setenta. Antes de eso escribía cartas y lo sigo haciendo, pero correos electrónicos. He asistido a varios talleres literarios. En los talleres hay lectores, escuchas y afinas el oído, se recomiendan lecturas y hay un profesor o profesora que enseña. Además te obliga a escribir, a cerrar los relatos que en mi caso muchas veces quedan a medio camino".
Fue gracias a su aproximación a movimientos contraculturales de Estados Unidos que la obra ecopoética de Parra se enriqueció. Ya no hay en ella vagas esperanzas, sino verdaderos llamados a la acción contra la crisis ecológica, ya sea desde la academia o desde los versos. Así conoce Parra la “ecología profunda”, un pensamiento radical surgido en Noruega que veía en la transformación de la cultura la única salida a la crisis medioambiental.
Emplazado entre el océano Pacífico y las laderas de la cordillera de la Costa, es un valle completamente cerrado y perpendicular al mar. Su proximidad al océano beneficia a los viñedos, con noches frías, nieblas matinales y brisas costeras por la tarde, que otorgan una madurez lenta de las uvas, con frutas sanas dando por resultado vinos de fresca acidez y sabores intensos.